Isla
  Turismo en Bolivia
 
  Turismo Aventura

Danzas principales

  folklore
 
  Conozca Bolivia
 
  La Paz
  Santa Cruz
  Potosí
 
 
 
 

DANZAS TRADICIONALES DE BOLIVIA

Diablada

La danza emblemática delCarnaval de Oruro, es La Diablada, caracterización en la que se representa la lucha entre el bien y el mal. La danza de la Diablada muestra una cosmovisión profundamente entroncada con el culto andino maligno “Supay”, de “Wari”, dios de las montañas, y el diablo de la liturgia católica. Se caracteriza por el drama teatralizado de la lucha entre el Arcángel San Miguel y la Virgen de la Candelaria, frente a los diablos y satanás.

La teatralizacion tiene doble impresión. Por un lado, en el sentido cristiano, resultaría ser exponente de los siete pecados capitales, de la corte del “Príncipe rebelde Luzbel”. Por otro lado, representa como una “Sá tira al Conquistador”, la Diablada implica una rebeldía del mitayo minero que disfrazado de diablo expresa ansia de libertad y de lucha para lograrla.

En el periodo histórico de la Diablada, hay una etapa de transculturación que comienza con la fundación de la Villa de San Felipe de Austria en 1606, donde el choque de culturas fue la norma. Otra etapa, del dualismo religioso, se da entre los años 1789 y 1900 con la transfiguración de la “Pachamama Andina”, en la Virgen del Socavón. Hecho que da lugar al sincretismo religioso. De esta situación surge la tradición del famoso bandido Anselmo Belarmino, el “Chiru Chiru”, que a pesar de sus fechorías ayudaba a los pobres y veneran el cerro “Pie de Gallo” y a la Virgen de la Candelaria.

La auténtica Diablada de Oruro, nació en 1904. Después de la guerra del Chaco surgieron otras tres:
la Tradicional folklórica Diabada Oruro (1943), Diablada Círculo de Artes y Letras (1943) y la Fraternidad Artística y Cultural “La Diablada” (1944).

En los años 1950 y 1995 la diabiablada inicia un ciclo expansivo de irradiación nacional e internacional.


 

Morenada

El origen de la Morenada se remonta al empleo de esclavos negros en Potosí en la época colonial. Los esclavos eran comprados por los mineros para reemplazar a los mitayos indígenas, pero la sed, el frío, la alta presión arterial y la insuficiencia de oxígeno, presagiaban para ellos una muerte segura; lo que obligó a los ricos azogueros a deshacerse de ellos. Estos esclavos fácilmente se adaptaron a los yungas, donde se los requirió especialmente para el cultivo de coca. De esa forma, Coroico, Yanacachi, Coripata, Chulumani y Chicaloma, fueron los poblados con mayor presencia de personas negras.

En ese contexto, el pesado pollerín plateado del moreno, tiene diversas interpretaciones: representaría, por ejemplo, la opulencia de su amo, y significaría también que vestía una costosa ropa de perlas en razón del alto precio que los azogueros pagaban por el.

Mientras tanto, el clásico sonido del traqueo de las matracas, recordaría las cruciales marchas de internación de las “piezas negras” hacia Charcas, Potosí y los Yungas, acompañadas por el continuo chirriar de las vetustas carrozas y las pesadas cadenas.


Caporales

Los afro-yungeños eran extranjeros y deshabitados, pero el Divino Infinito padre de los desposeídos y humildes les ofreció en herencia el territorio de los Yungas, para compartirlo con aymaras y mestizos. Las poblaciones de Coroico, Mururata, Chicaloma, Calacala, Coscoma, Irupana son ahora enclaves de producción cultural afro-yungeña. Su vestimenta original fue cubriéndose de ropas aymaras.

Desde su desgarramiento social tuvieron que luchar fuertemente contra la agresión colonial. Por esta razón sus prácticas culturales fueron perdiéndose, incluidas sus fiestas, idioma, sentido espiritual, formas de matrimonio, etc.

Pero la resistencia se dio en el reducto de la danza y la música.


Tinku

Existen algunos criterios dispares que tratan de explicar la causa generadora de esta práctica ancestral del mundo andino, particularmente representada por “laimes”, “jucumanis”, “cacachacas”, etc.; ayllus pertenecientes al norte de Potosí y al sur de Oruro. Otros criterios tratan de explicar este hecho mediante la simbología del “machismo”, hecho que resulta ser la defensa del patrimonio territorial.

Para algunos, esta práctica nace como consecuencia de la defensa de sus terrenos; para otros como una devoción mística a la “Pachamama” que, para recibir sus dones de prodigalidad y abundancia del cultivo, es necesaria la abundancia de sangre.

Pero es necesario diferenciar la práctica del “tinku” y del “tinkunacuy”, si ambas persiguen como objetivo el encuentro traducido en pelea corporal, difieren, sin embargo, en su contenido cuantitativo. Así el “Tinku” significa, pelea en conjunto entre las comunidades o ayllus coyunturalmente antagónicos, protagonistas de este ritual de práctica milenaria. En cambio “Tinkunacuy” es una pelea entre pares, de dos a dos.

La pelea se realiza en la plaza principal de la población o comunidad, bajo un rol previamente confeccionado. Cada pelea dura, aproximadamente, entre 20 a 30 minutos, de acuerdo a la resistencia de cada contendor.

La pelea es vigilada, a manera de árbitro, por las autoridades máximas de estas comunidades: el Cacique y el Alcalde Mayor, quienes, en demostración de su don de autoridad, como medio de coerción y obediencia, blanden un látigo contra quienes no observan las reglas previamente acordadas.

Volver arriba


Tobas

Una versión antigua dice que los tobas habrían llegado al Kollasuyo con el Inca Tupac Yupanqui, pero se cree que vinieron a Oruro con su vestimenta típica, atraídos por la fama de la Virgen de la Candelaria. Posteriormente, se constituyó una comparsa que intervenía en las fiestas religiosas con un disfraz de vestimenta selvática.

Los Tobas usan falda, ponchillo largo con plumas en las punieras y tobilleras. Los cambas que antes desfilaban casi desnudos, ahora se cubren con un pantalón y un poncho con flecaduras en ambas prendas.


Pujllay

El carnaval de Tarabuco, conocido también como el Pujllay Yampara, conserva casi sin cambios su esencia folklórica expresada en su pesado danzar, su música de tono melancólico y monótono, y el cantar solitario del campesino que trata de expresar su amor a una moza.

El Pujllay rememora asimismo a las pandillas o “ruedas” de campesinos y mestizos de Chuquisaca, que recorren los poblados a pie o a caballo visitando casas donde hay chicha y pukaras.

En el Pujllay, las pukaras o defensivos preincaicos son convertidos en arcos de plata adornados con banderas blancas, follajes y productos a ser cosechados: choclos, flores, papas, hortalizas, panales de abejas, carnes, bebidas, etc.

El atuendo Pujllay lleva “Gallos” o espuelas, que hacen de instrumentos de percusión y que están calados a las grandes ojotas de los danzarines. Cuanto más alta sea la ojota, más será la destreza del bailarín que las calza.

Las polainas de abundantes colores y figuras cubren sólo el talón hasta la canilla. La almilla es una especie de blusa de paño negro y otro de paño blanco, bastante anchos, de las piernas hasta las canillas.

El talabartero fabrica el cincho o cinturón que claveteado con cientos de ojalillos y cuero repujado con figuras de la zona, sirve de cartera. Del pital penderán decenas de campanillas de bronce atadas con trenzas de caito de colores vistosos.

La “sencka” tanch'ana, flauta grande cuyos orificios están muy abajo en relación a la embocadura permite que el músico adopte una única e incómoda pose.

Los campesinos de vestimenta humilde interpretarán la melodía pentatónica del Pujllay, además de los nuevos huayños compuestos.


La Saya

La danza y la música de la Saya son la expresión más original que mantienen sus orígenes culturales: es su síntesis cultural. Talvez por eso, nadie puede interpretarla, únicamente los propios afro-yungueños.

Los instrumentos musicales que acompañan a la Saya han sido reconstruidos o reinterpretados: Bombo mayor, sobre bombo; requinto, sobre requinto, gangingo, y como acompañamiento está la coancha.

El ritmo y la forma de interpretar es muy particular, y su comienzo esta marcado por el cascabel del capataz o caporal que guía a la danza de la Saya.

El atuendo es sencillo. Las mujeres visten como las “warmis” aymaras: una blusa de colores vivos adornada con cintas. La pollera vistosa, la manta en la mano y un sombrero “Borsalino”. Los hombres llevan un sombrero, camisa de fiesta, una faja aymara en la cintura, pantalón de bayeta y sandalias.

La tropa tiene como guía al caporal capataz que viste un chicote o fuete en la mano, un pantalón bien decorado y cascabeles en los pies: representa la jerarquía y el orden, no es el perverso y mandamás como en la danza de lo negritos.

El papel de la mujer en la danza es tan importante como en la comunidad. Entre ellas está la mujer guía que ordena los cantos en la Saya y dirige al grupo de mujeres.

Los hombres tocan simultáneamente el bombo y uno de ellos rasga la coancha (req'e). Las mujeres cantan y danzan, moviendo las caderas, los hombros y agitando las manos, en contrapunteo o diálogo con los hombres.

La coreografía no se parece en nada al ritmo de los caporales. Los que confunden estos ritmos lamentablemente nunca han visto ni oído la danza y música de la Saya. No hay matices ni semejanzas, la Saya, es la Saya, el Caporal es el Caporal.


Zampoñeros

En el Carnaval de Oruro no podrían estar ausentes danzas originarias de la región altiplánica.

La zampoña es un instrumento musical de viento típico del altiplano boliviano, las arcas están constituidas por 12 tubos y las iras por 11 tubos, ambas se complementan para cualquier interpretación musical, una sola no tiene las notas completas. También llevan juegos de taicas, maltas, licus y chuchullis, completándolos con instrumentos de percusión como el tambor, platillos y bombos.

Durante la ejecución de la danza pulsan la zampoña acompañada de una variada gama coreográfica.

La vestimenta de esta danza es propia del campesino del altiplano boliviano.



Kantus

Es una de las danzas más importantes de los Kantus Sartañanis, siendo interpretada de manera frecuente en los cantones, como Niño Corin, Curva, Charazani, Chajaya, Amarete, Mataru, Iskanwaya, Kata y otros.

La música y la danza del Kantu, por la región en la que se interpreta y por el tipo de melodía que lo caracteriza, se puede deducir que tiene un carácter ceremonial, ligado a diferentes índoles y motivos que realizaban los Kallawayas, por ende las costumbres y manifestaciones culturales de estos pueblos.

Los instrumentos que son ejecutados son: la tropa de Sicus (Cho'jlla), Putu Wankaras, Chinisco y el Pututu.

La danza del Kantu fundamentalmente es de pareja, por la concepción de la dualidad complementaria de género existente en nuestras comunidades.


Kullawada


Es una de las danzas que expresa la vinculación de la actividad económica y social, representa a los antiguos hilanderos y tejedores aymaras.

En general, los textiles tenían gran importancia en las relaciones sociales y de reciprocidad de los pueblos prehispánicos, especialmente de los collas.

La vestimenta tradicional incluye montera (Kh'ara), con bordados en pedrería, flequillos de perlas de fantasía, tanto para hombres como para mujeres; un ponchillo bordado con los mismos elementos de las monteras, y adornado con placas circulares, representando a la platería antigua. El pantalón en forma de buzo tiene una fila de monedas de plata.

Los hombres llevan también guantes de lana, rueca (kápu), lluch'u, polq'os y sandalias. Las mujeres visten pollera, una pechera bordada y en los hombros una pequeña manta (lliclla) bordada igual que los ponchillos; de la cintura cuelgan bolsas con monedas. Se cubre el rostro con antifaz y con anillos en todos los dedos. Esto ha ido cambiando en los años 70, por influencia de las nuevas generaciones.

Dos personajes acompañan a la tropa: “el waphuri” y la burlesca “awila”. El waphuri o maestro, es el guía de los hilanderos, tiene un traje ostentoso y una rueca grande. La burlesca “awila ” carga una muñeca de trapo. Esta figura es interpretada por un hombre vestido como mujer.


Kallawaya

Pese a su condición de extranjeros, entre los incas, su fama como depositarios de la ciencia permitió a los kallawayas gozar de un rango superior debido a su dominio de la farmacopea vegetal, animal y mineral, así como del diagnóstico y tratamiento de múltiples enfermedades.

La danza rememora las caminatas de los kallawayas por el mundo andino, llevando salud a los ayllus. Estos médicos herbolarios de las regiones de Charazani, Curva, Niño Korin, K'anlaya, Chajaya, etc. del noroeste de La Paz, pertenece a la denominada cultura Mollo, descendiente directa de Tiwanaku.

Por eso inclusive hoy, pese a mutaciones y mestizajes, los hijos de la Cultura Mollo mantienen rasgos distintivos: por ejemplo, si bien hablan el quechua (runa simi) o el aymara (jake - aru), tienen un idioma peculiar y presuntamente de doble alcurnia o status superior.

Muchos etnolingüistas afirman que la lengua que utiliza el kallawaya, es el idioma secreto de los incas (machaj jucay) que la nobleza inca “Orejona” hablaba entre los suyos, empleando el quechua común para el resto: atún runas y llajta runas de la clase media; yanaconas de servidumbre y mitimaes o colonos.

Los kallawayas asimilaron esa lengua privilegiada debido a la extrema confianza que los incas otorgaron a sus “kamilis” o curanderos. Tras la conquista, los médicos nativos volvieron al Collasuyo, trayendo consigo el idioma secreto, el cual utilizan en sus prácticas orativas y rituales.

La vasta variedad de plantas medicinales utilizadas en sahumerios y emplastes curativos proviene de los diferentes “nichos” ecológicos: llanos, valles, yungas, altiplano, serranías e incluso de las costas: algas, conchas marinas y guano.

Todo este “Khapakcacherio”, tiene plena aceptación como “medicina popular”. Los kallawayas son famosos con sus médicos naturistas “yatiris” y “chamakanis”, distintos de los “laikas”, parientes de los “anchanchus” o seres malignos, y los “sajras”, de carácter demoníaco.

Todo este mundo ha sido trasladado a la danza de los kallawayas, cuya rica danza y vestimenta es expresión del “yatiri”. La coreografía se destaca por “llant'hucha” de “suri”, es decir la sombrilla con plumas de avestruz que utiliza aquel médico itinerante para cubrirse de la insolación o de las lluvias en sus largas caminatas que tienen como fin llevar salud espiritual y material a los ayllus.

Los saltos ágiles y sincrónicos expresan el despliegue físico del médico itinerante, venciendo en su largo caminar riachuelos, montes y quebradas.


Doctorcitos

Esta danza es una sátira a los abogados de la colonia y a sus secretarias, que de una u otra manera eran ridiculizados por la sociedad de aquel tiempo. Por la vestimenta que llevaban se lo denominaba wayra levas.

La vestimenta de los hombres consiste en un sombrero de copa, un traje negro tipo smoking, una corbata de gato en el cuello, camisa y en la mano portan su tradicional bastón. Las damas tienen una falda oscura que ciñe la cintura con un chaleco y en la mano una pequeña vara.


El Tundiqui o Negritos

Esta danza es originaria de los valles altos subtropicales de nuestro país y principalmente de la región de los Yungas, tiene una fuerte influencia de elementos nativos populares.

La vestimenta característica de esta danza es la camisa y pantalón con colores preestablecidos para cada Carnaval, pañuelos, bombos, guachas y chiris de lana en la cabeza simulando la cabellera de los negros.

El ritmo de los “Negritos” es una derivación de la danza del “tundiqui” ancestral, es atractiva por sus contorsiones y cachimbas descomunales. Arrancan aplausos del público cautivado por el ruido de sus guanchas, cajas circulares y picarescos cantares populares.


 

Potolos

La danza es originaria de las poblaciones de Potolo y Potobamba, la primera ubicada en Chuquisaca y la segunda en Potosí.

Los movimientos rítmicos acompasados con movimientos graciosos de las caderas, le ponen una nota simpática a esta danza.

La vestimenta esta caracteriza por el sombrero de cuero de oveja que tiene una forma semicircular y un ala muy angosta.

 


Llamerada

Es una de las danzas más antiguas del folklore boliviano; pertenece en sus orígenes a la nación aymara. Su nombre original es “Karwani”.

La vinculación con la llama y con los auquénidos en general, data de la época pre agrícola, hace más de 40 siglos. La llama da, desde esos tiempos, alimentación, transporte y abrigo, razón por la cual aparece pintada en cuevas y cerámicas esculpida en piedra.

Para muchas culturas precolombinas, la danza era arte y magia, de que lo bailado se reproduzca en la realidad, por eso los llameros imitaban las escenas de pastoreo a fin de mantener el rebaño.

Según la tradición, esta danza se remonta a un gran cerco humano en torno a los rebaños de auquénidos; la gente obligaba paulatinamente a los animales a estrecharse en un anillo hasta llegar a tocarlos con las manos. Las llamas, alpacas y vicuñas capturadas eran esquiladas; los animales viejos o heridos pasaban a ser alimento.

Concluido el rodeo, se efectuaba la “Huilancha” o el sacrificio de la llama, cuya sangre era ofrecida a los dioses.

En la interpretación actual, es una danza mimética, porque trata de imitar la vida diaria de los arrieros y de los pastores. También representa la vinculación ritual con la llama, por eso, la vestimenta de los danzantes es elegante y recupera antiguos signos de poder.

En la mayor parte de nuestras danzas, la mujer participa recién desde hace 3 décadas, pero en la llamerada, la mujer está desde tiempos antiguos, porque las labores del postillón o del arriero en Potosí eran actividades familiares.

El atuendo es una mezcla de antiguos elementos utilizados por los aymaras desde tiempos precolombinos y coloniales, hasta el siglo XIX, con partes del vestuario aymara actual.

La montera es lo más típico; es cuadrada, bordeada de flecaduras, hecha de paño y recuerda el sombrero que utilizaban las autoridades aymaras.

El hombre lleva camisa de lana, de bayeta o de seda; el pantalón de bayeta, corto hasta poco más debajo de las rodillas; calcetas de cayto; abarcas de cuero; un aguayo de colores amarrado sobre el pecho; un chumpi o faja multicolor que rodea la cintura; una soga enroscada en sentido contrario al aguayo. En las llameradas más tradicionales, los hombres también llevan una careta de yeso, con los labios fruncidos, en actitud de silbar.

El hombre y la mujer portan en la mano derecha, una honda o korawa, símbolo de pastores y arrieros, parte fundamental de la coreografía y de la vestimenta. La mayor parte de los “pasos” incluyen el movimiento de la honda, simulando el arreo o el lanzamiento de piedras.

La mujer lleva una o más polleras anchas largas; debajo de las polleras uno o más centros de género blanco, porta también una blusa y sobre ella un aguayo cruzado.

En Oruro, esta danza se la practica desde hace más de 70 años destacándose la participación de la juventud.


Incas

La danza describe el trauma de la conquista española, de los encuentros preliminares, la incomprensión, el diálogo, la muerte de Atahuallpa y el triunfo de Pizarro, luego el final inesperado: condena de Pizarro en España, maldición del europeo y un mensaje mesiánico y de rebeldía del pueblo derrotado.

El desfile de los Incas se inicia con sus grandes dignatarios como Manco Cápac, Atahuallpa, Huaylla Huisa, seguido por su cortejo de ñustas.


Tarqueada

La tarqa está constituida por una madera llamada Largo, en tres medidas, el licu o tayca, que es el más largo o grande; la mala o malta es de un tamaño mediano; el ch'ili es el más pequeño; los instrumentos de percusión son: el bombo y las tamboras. Estos instrumentos se los empieza a tocar el día 2 de noviembre después de rendir homenaje a nuestros difuntos y antepasados, en lo que se denomina desenterrar la tarqa. Su ejecución como instrumento musical termina generalmente el domingo de Tentación en algunos, pero en muy pocos lugares su ejecución se prolonga hasta la Pascua o comienzos de la cosecha.

La tarqa es un instrumento, que con sus melodías pide clemencia naturaleza frente a las sequías, los excesos de lluvia o cualquier otro fenómeno climático que afecten a los sembradíos. Finalmente, es con este instrumento que festejan la Anata o la diversión de la promesa de una buena cosecha, que anuncia por la floración de las sementeras de papa.

Los danzantes, después de pijchar un poco de coca y ch'allar con alcohol su casa, sus sembradíos y animales, llega a una euforia y en forma común en un solo grupo de hombres y mujeres comienzan la fiesta donde nadie es más ni nadie es menos, donde al son de la tarqa se hace esa fiesta andina tan diferente en sus motivaciones y en sus creencias.

Durante la fiesta del Carnaval se realiza una ceremonia que es la de Ch'allaku, costumbre de echar Llumpaqa o chicha con la Ch'ua (vaso o tutuma) a los 4 puntos cardinales como ofrenda o convite a la Pachamama.

Para la Anata, la comunidad prepara la “Tarqueada” y se inspira una nueva melodía, en el urunchaya y diachaqu, con la ceremonia del “sereno”, el hombre recibe de la naturaleza esa nueva melodía con la que pedirá buenas cosechas, estableciendo una relación estrecha con la Pachamama.

El día de Carnaval, después de pijchar y ch'allar con alcohol las casas, los sembradíos y los animales, continúa la fiesta con la participación de todas las comunidades, ayllus. Los danzantes y músicos, al son de las tarqas, acompañan a los pasantes; la interpretación de la música en la tarqa puede durar en algunas comunidades hasta el sábado de Pascua o comienzos de la cosecha.


 

 

Suri Sicuris

Las características coreográficas de esta danza fueron creadas en Oruro junto con la adaptación musical al caluyo y el huayño, rescatando un personaje del acervo folklórico nacional por su exquisita prestancia y la particularidad de su atavío, como es el personaje del Suri Sicuri, adornado por una corola cónica bordeada de hermosas plumas de ave.

A consecuencia de esta danza nacen otros conjuntos con características estilizadas, pero siempre respetando el patrón genético. Estas danzas son Suri Universitario, Wititis e Inti Llajta.